¡Mil Gracias!

noviembre 09, 2011

EL AMOR

En la panza, en el corazón y en la cabeza. Indiscutiblemente cuando se está enamorado nuestro cuerpo nos lo hace saber. Las famosas mariposas que revolotean dentro de la pancita, el corazón acelerado que retumba hasta salirse del cuerpo y nuestra cabeza vive en las nubes. Es una alegría incesante, un mundo color de rosa. Son sensaciones que traducen aquello que se llama amor.
Ni los más expertos científicos lo pueden definir. Han estudiado hasta los más profundos rincones del cerebro pero solo atinan en una cuestión: sostiene que es un “proceso” que dura un determinado períodode tiempo, que genera en la persona una sensación satisfactoria ya que se liberan una serie de sustancias químicas. Otros lo definen como un “estado de inconciencia”. Lo demás, sólo lo puede explicar el que lo experimenta.
¿Por qué de él y no de aquel?
Se dice que en nuestro inconsciente guardamos una imagen de nuestros padres y, en base a esta, buscamos y nos enamorarnos de la persona que más se asemeje a esta imagen. Otra postura, en cambio, sostiene que la persona busca ser correspondida. La famosa “media naranja” es aquella persona que tenga una historia similar a la nuestra y un nivel intelectual y cultural como el nuestro.
No obstante, nos encontramos con realidades diversas donde existen las relaciones conflictivas y enfermizas alejándose de ese status quo que nos suelen plantear los teóricos. Inexplicablemente las personas también sienten atracción por personas que no tienen historias similares a la nuestra, ni un nivel intelectual semejante y distan de la imagen de nuestros padres.
Es el amor no correspondido. No es el mismo que nos genera esa alegría placentera. Es aquel que provoca ansiedad, depresión, angustia y sentimientos negativos en nosotros y en nuestro entorno. Puede ser también trasladado a relaciones largas o reincidentes. Lo cierto es que el patrón es el mismo: el enamoramiento inicial hacia la persona es de gran intensidad. Con el paso del tiempo se evapora esa sensación de plenitud por estar junto a esa persona. No obstante, la baja autoestima nos impide salir de la relación o, en el caso contrario, terminarla pero reincidir en una nueva relación de iguales características.   
Por lo tanto, lo importante no es culparnos. Debemos estar atentosante los primeros síntomas que nos hagan sentir angustiados o deprimidos. Eso no es amor.Reaccionar es la clave en estos casos.Trabajar en nuestra autoestima, respetar nuestros tiempos, rodearnos de afectos que nos hagan sentir apreciados y valorados, serán los mejores aliados para seguir en la búsqueda de la “media naranja”.
EL AMOR HACE BIEN ¡!!!!!!!





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