¡Mil Gracias!

octubre 28, 2014

La merodeaba. Se lo presentó su pareja. No tenía la categoría de amigo aún por lo que se permitía ciertas libertades. Por ejemplo: mirarla de esa manera. La hacía reír, mucho. La hacía enojar, mucho. Le pegaba golpes cariñosos, se rozaban, se acercaba a su lado y le apoyaba parte del pecho en el brazo, ninguno se movía. Comenzaron los mensajes, las risas privadas. No consumaron nada porque subitamente desapareció. Una propuesta de trabajo en el extranjero. Fue todo tan rápido que no alcanzó a despedirse. Lo extraña. Está bien con su vida. Con su pareja. Con ella misma. No necesita nada. Pero lo extraña. Lo lleva en la mano. No hay manera de lavarlo de su piel.


Luna Negra




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